Hay historias que comienzan con una receta. Otras comienzan con una planta.
La historia del cacao que hoy conocemos tiene una de sus páginas más extraordinarias en Santa Ana–La Florida, un sitio arqueológico ubicado en Palanda, provincia de Zamora Chinchipe, en la Alta Amazonía ecuatoriana.
En 2002, trabajos arqueológicos realizados en la cuenca del río Mayo Chinchipe llevaron al descubrimiento de este antiguo asentamiento. Las excavaciones permitieron recuperar diversos recipientes cerámicos y materiales asociados con actividades domésticas y ceremoniales.
Entre estos hallazgos aparecieron recipientes que conservaban residuos orgánicos. Los análisis especializados identificaron gránulos de almidón de Theobroma cacao con una antigüedad aproximada de 5.500 años calibrados antes del presente. Estas evidencias son presentadas por el proyecto como las más antiguas documentadas hasta la fecha relacionadas con el uso y la domesticación temprana del cacao.
El hallazgo cambió profundamente la manera de comprender la historia del cacao en América.
Durante mucho tiempo, gran parte de la narrativa sobre su domesticación estuvo concentrada en Mesoamérica. Las evidencias encontradas en Palanda ampliaron ese horizonte hacia la Alta Amazonía y preceden en más de 1.500 años a los registros mesoamericanos anteriormente conocidos.
Pero detrás de las fechas existe algo todavía más poderoso: una relación humana con el cacao que atraviesa milenios.
Para las sociedades que habitaron este territorio, el cacao no habría sido simplemente un alimento. Los recipientes encontrados en contextos ceremoniales muestran que formaba parte de prácticas sociales y rituales complejas.
Hoy, miles de años después, el cacao continúa creciendo en esta región.
Es precisamente esa continuidad entre territorio, planta, cultura y memoria la que hace que hablar del cacao de la Amazonía ecuatoriana signifique hablar de algo mucho más profundo que un ingrediente.
En ÑUA creemos que comprender esa historia también transforma la manera de experimentar una tableta de chocolate.
Porque antes del porcentaje de cacao, del tostado y de la elaboración, hubo una planta.
Y mucho antes que nosotros, hubo personas que ya habían descubierto su extraordinario valor.


